El paisaje montevideano está presenciando el crecimiento, tímido todavía, de un nuevo formato comercial: las ferias de diseño, los locales multimarca y los puntos de venta alternativos que forman parte de una movida fresca y colorida. En una mirada supercial, la raíz de este fenómeno se encuentra en el desarrollo de las escuelas de diseño: en la última década “la moda se ha puesto de moda” y las carreras de diseño se convirtieron en un polo de atracción para un público que se encontraba limitado en los espacios de profesionalización para perles creativos. Las escuelas y facultades de diseño vinieron así a ofrecer un oxígeno muy necesario a una generación que requería algo nuevo. Para el mundo de la moda, estos egresados recientes reúnen una serie de atributos que los hacen muy valiosos: la profesionalidad técnica, la libertad de pensamiento y una independencia que se basa en que aún no han asumido “compromisos” con el mercado y con la rentabilidad. Todavía pueden soñar con hacer lo que sienten, y aunque parte de ellos se están integrando gradualmente en la industria, conservan un espíritu free lance, generan emprendimientos propios y apuntan a expresarse sin cortapisas. Ya habrá tiempo para recortar las alas, pero no todavía. Sin embargo, en todo este proceso estamos describiendo el polo de la oferta. ¿Y qué pasa con la demanda? ¿Está la sociedad uruguaya preparada para esta movida? ¿Cuál será el rol de estas propuestas de diseño de autor? A primera vista, la mujer uruguaya (porque la mayoría de estas propuestas son femeninas) se encuentra en un proceso de aproximación lenta. Le resulta difícil salir de la conanza que generan las grandes marcas, de la seguridad de los espacios comerciales consolidados y de un modelaje más universal. Existe cierto desencuentro entre un público que recién está rompiendo con esquemas muy tradicionales, y un conjunto de propuestas que maniestan una creatividad absolutamente personal, segmentadas hacia la edad y el perl de sus creadores. En algún punto, podría decirse que los jóvenes diseñadores crean para sí y para su grupo de pertenencia, y mucho menos para un público masivo. Pero ¿qué hay del futuro? Aquí se observan varias tendencias que apuntan en positivo y sugieren que, con un poco de esfuerzo, los dos polos (el de la oferta y el de la demanda) pueden entrar en sintonía. En primer lugar, el público uruguayo se está liberando de una de sus características más fuertes del pasado: la expectativa de duración. En un escenario en el que se valora la duración de manera primaria, queda poco espacio para el color, para el modelaje rupturista, para los materiales alternativos. Si asociamos duración con calidad, no podemos apartarnos de lo conocido. Hoy está claro que cada día estamos más abiertos a la compra emocional, y más dispuestos a sacricar duración para tener diseño. El placer del cambio y de la renovación pesa en la balanza tanto o más que la permanencia. Este proceso es claramente favorable a las propuestas alternativas, al riesgo y a la experimentación. Por otro lado, cada vez más se busca que la vestimenta sea expresión de la identidad. Lo exclusivo es, en este panorama, muy valorado. El futuro marca el crecimiento de las series limitadas, de las prendas intervenidas y de todo aquello que permita crear un mix personal y único. El diseño de autor va a ocupar entonces un lugar cada vez más destacado, con autores reconocidos y de altísimo valor percibido, pero también con creadores alternativos y escondidos. Así como ocurre en otras capitales, es esperable que crezcan no solamente las zonas de diseño sino también los rincones solo conocidos por unos pocos: la moda al margen, las propuestas “de nicho”. Del mismo modo, el concepto de arte está cada vez más integrado con el concepto de moda. El aporte de la creatividad no está entonces solamente en la moldería sino que, de manera creciente, pasa a formar parte de las terminaciones y contribuye para lograr esa prenda única que casi podríamos decir que está viva. Lo mismo ocurre con la tendencia al cuidado del ambiente: el reciclaje de materiales es un escenario nítido para el autorartesano- creativo y queda fuera de la industria de lo masivo. ¿Y los básicos? En toda esta reseña podríamos pensar que los básicos pierden espacio, pero no es así. Por el contrario, el lugar de las prendas básicas está asegurado por la necesidad de armar outts completos, por la inquietud de tener un guardarropa cada vez más amplio en el que los conjuntos estén coordinados y permitan diferentes combinaciones. La compra de vestimenta es tan placentera (así lo muestran todos los estudios) que permite el lugar para los básicos y los exclusivos. Al mismo tiempo que la moda de autor, crece el espacio para la moda a nivel de las grandes tiendas y supermercados. El consumidor del futuro, cada vez con menos prejuicios, disfrutará de la libertad de armar su canasta en vestimenta, sumando en lugar de restar: suma la atracción por la oferta con la búsqueda de marcas de glamour, integra lo funcional con lo exclusivo, lo barato con lo costoso, el impulso con la compra racional. Y, de manera signicativa, observamos que el hombre se incorpora también en esta movida: con un guardarropa cada vez más amplio y más cuidadoso, con una inquietud mayor por la estética, el hombre es una expresión del público futuro. Un público que en Uruguay ha sido generalmente relegado a una oferta clásica y no demasiado creativa, pero que a través de las nuevas generaciones va a exigir su lugar. (DM) | |  | |